Una novela de misterios

La historia que envuelve a cada uno de los líderes de la izquierda en América Latina, se repite curiosamente una y otra vez. Sus males parecen ser los mismos, igual que su devoción ciega a la doctrina comunista, de maldad y avaricia ya probadas.

Son hechos repetitivos con distintos nombres, lo que genera suspicacias. El más sonado fue el del entonces Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien en 2011 fue diagnosticado con cáncer de naturaleza no revelada, que le obligó a pasar varias veces por el quirófano.

En medio de rumores y ante la ausencia de información médica oficial, se conoció que su caso había sido atendido en Cuba, donde le extirparon los tumores que tenía ubicados en la región pélvica, a finales de 2011 y principios de 2012.

El hermetismo fue absoluto -como cuando enfermó Fidel Castro en julio de 2006- y el tratamiento del mandatario venezolano fue secreto de Estado. Meses antes de su fallecimiento, Chávez aseguró haberse curado “milagrosamente”.

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Pero éstos sucesos misteriosos empezaron mucho antes, cuando la misma enfermedad le fue diagnosticada a la expresidente de Brasil, Dilma Rousseff, en 2009 -en plena campaña presidencial- y al exmandatario paraguayo Fernando Lugo, en 2010.

Ambos, que fueron luego destituidos de sus cargos, aseguraron en su momento haber superado satisfactoriamente el cáncer linfático, tras recibir tratamiento en el Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo.

Casualmente, en ese mismo centro asistencial -que también ofreció sus servicios a Hugo Chávez antes de elegir la medicina cubana-, estuvo luego el predecesor de Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien le diagnosticaron a finales de 2011 un cáncer de laringe del que también fue curado.

En 2018, Lula da Silva fue condenado en segunda instancia por corrupción y estuvo en prisión por un año y siete meses.

Pero el destino al parecer se siguió ensañando con los promotores de la izquierda en otros países. En 2017 le tocó el turno al expresidente de Bolivia, Evo Morales, quien fue sometido a una “exitosa” cirugía de laringe para extirpar un tumor benigno. El procedimiento fue hecho en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq) de La Habana, Cuba.

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Recientemente se supo que el líder cocalero –refugiado en México y luego en Argentina, tras haber renunciado a la Presidencia de su país en noviembre de 2019, en medio del escándalo por un presunto fraude electoral- voló a Cuba el pasado de 10 de febrero,  debido a un «problema de salud» hasta ahora desconocido.

El hecho tuvo que ser confirmado por sus colaboradores, tras filtrarse la noticia a medios internacionales. En su viaje por La Habana, Evo Morales “coincidió” con otra figura cercana al régimen castrista, la vicepresidente argentina Cristina Fernández, cuya hija Florencia Kirchner también tuvo que recurrir a las prodigiosas prácticas cubanas recibiendo tratamiento en la isla, aparentemente por un problema linfático.

Antes de verse inmersa en un proceso por enriquecimiento ilícito en varias causas vinculadas a su familia, Florencia Kirchner viajó a Cuba para asistir a un curso de cine; y un día antes de su regreso, el 7 de marzo de 2019, le “prohibieron” viajar en avión, a raíz de su enfermedad.

La noche del domingo 15 de marzo de este año, Cristina Fernández se trasladó a La Habana en un vuelo regular de la aerolínea Cubana de Aviación y una semana después, volvió a Argentina con su hija; pese al cierre de las fronteras en su país, como parte de los controles por la pandemia del coronavirus.

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En esa misma semana, el excandidato presidencial y hoy senador de la República, Gustavo Petro, aseguró recientemente haber viajado a la isla, en donde se le diagnosticó “cáncer temprano en la juntura del esófago con el estómago” y que, buscando una segunda opinión médica en Colombia,  se determinó la existencia de una lesión en el mismo lugar.

En éste sentido, el senador Petro señaló que había decidido volver a Cuba el 18 de marzo para “confrontar opiniones médicas” y tomar sus “propias determinaciones”.

Aún se desconoce si el congresista contaba o no con permiso para salir del país, pues corre el riesgo de ser sancionado y perder su investidura.

Pero la extraña suerte de los líderes de izquierda también encierra otros enigmas, como lo que ocurre hoy en Nicaragua en donde, en plena pandemia por Covid-19, el Presidente Daniel Ortega sencillamente “desapareció”.

El pasado 11 de abril rompió su propio récord de ausencias en el cargo, acumulando treinta días sin ninguna aparición pública, a pesar de la emergencia mundial y de que su país fue clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como de alta vulnerabilidad.

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Tal y como sucedió en 2019, cuando el 21 de febrero hizo presencia en el tradicional acto en conmemoración del asesinato de Augusto C. Sandino y luego “se perdió” hasta el 21 de marzo, cuando fue a inaugurar el paso a desnivel de Nejapa, en Managua, sin dar explicaciones.

En ésta ocasión fue visto por última vez el 12 de marzo, en compañía de autoridades del Ministerio de Salud y representantes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Más tarde, el 18 de marzo, su Gobierno confirmó el primer caso positivo de Covid-19 en Nicaragua. La información fue entregada por su esposa y vicepresidente, Rosario Murillo, a los medios oficialistas a través de una llamada telefónica.

El mundo hoy se pregunta dónde está Daniel Ortega. Los más osados hacen fuertes cuestionamientos sobre su estado de salud, mientras otros sospechan de si Cuba tiene algo que ver en su paradero.

Los viajes de éstos personajes en épocas donde Nicolás Maduro está enfrentado con la justicia estadounidense y donde Trump desplegó buques de guerra para contener el tráfico de drogas, coinciden con las enfermedades que al parecer los persiguen y que incluso, los hace posar como mártires de sus propias luchas.

El hecho de que tantos males ataquen la salud de “todos y todas” despiadadamente, se vuelve suspicaz. ¿En qué andarán? ¿En qué cónclave participan en Cuba?

Coincidencia o no, los interrogantes sobre los “hijos” del castrismo, siguen abiertos.

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