El Día D: El triunfo de la libertad

“Van a conseguir la destrucción de la máquina de guerra alemana, la eliminación de la tiranía nazi sobre los pueblos oprimidos de Europa, y la seguridad para todos nosotros en un mundo libre (…) ¡Los hombres libres del mundo marchan juntos hacia la victoria!”

Así reza la carta enviada por Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en la II Guerra Mundial, a sus tropas el día que inició la Operación Overlord; que luego se conocería como el ‘Día D’, o el Desembarco de Normandía.

Una operación militar sin precedentes, que implicó sofisticadas tácticas de engaño al enemigo y espionaje, así como fuerzas navales, aéreas y terrestres; perfectamente planeada y ejecutada, que fue clave para la salvación de la civilización occidental en riesgo por el yugo del nazismo, liderado por el dictador Adolf Hitler.

La fecha y el momento del ataque fueron fijados después de una tensa reunión llevada a cabo en Teherán, por parte de los mandatarios de Gran Bretaña, EE.UU. y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas -URSS-; es decir, Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Joseph Stalin, respectivamente.

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El secretismo fue el arma más importante e infalible dentro de toda una estrategia en la que los egos de los más altos mandos de poderosos ejércitos, con distintas nacionalidades, tuvieron que ser apagados para poder derrotar a un enemigo en común; un régimen opresor y perverso, cuyos métodos totalitarios de gobierno llevaron al asesinato de millones de personas -entre judíos, gitanos, homosexuales, entre otros- en campos de concentración y exterminio.

Los datos revelan que el 6 de junio de 1944, unos 7.000 barcos, 10.000 vehículos, centenas de aviones caza-bombarderos,  y más de 200  mil soldados del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Francia y otros países, atacaron de manera simultánea al ejército alemán en cinco playas de Normandía -bautizadas para la operación como Sword, Juno, Gold, Omaha y Utah-.

La planeación del ‘Día D’ inició poco más de un año antes e incluyó toda clase de tácticas mediáticas y militares, para poder cambiar el rumbo de la historia.

Así, en 1942 a través de la BBC -British Broadcasting Corporation-, el servicio público de radio y televisión del Reino Unido, se lanzó un llamado solicitando a los oyentes que enviaran fotografías de las costas de Europa desde Noruega hasta los Pirineos.

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Difundida como una convocatoria “inocente”, esto sirvió para recopilar información sobre las playas adecuadas para el desembarco. Tras el anuncio, llegaron millones de fotos que fueron enviadas a la Oficina de Guerra de Reino Unido; con las cuales, junto a la Resistencia francesa y el reconocimiento aéreo, se logró identificar los mejores lugares para iniciar la operación.

Los Aliados, cuidadosamente, con su operación ‘Fortitude’, lograron engañar a los alemanes, convenciéndolos que la invasión empezaría en Pas-de-Calais, localidad al norte de Francia, y no en Normandía. Lo hicieron, lanzando quinientos paracaidistas falsos en zonas alejadas de las playas de desembarco, y así, atrajeron tropas lejos de la auténtica zona de invasión. Miles de falsos blindados Sherman y de camiones, en lona inflable, fueron concentrados en las costas inglesas de Kent para que los pocos aviones espías que les quedaban a los alemanes creyeran que desde allí partiría la invasión aliada.

Las falsas divisiones aerotransportadas también llevaban grabaciones y amplificadores que eran lanzados con sonido de fuego de rifle y mortero, junto con gritos de mandos. Agentes dobles, filtraciones controladas de información errónea y hasta pruebas de ‘fidelidad’ a las tropas, fueron algunas de las tácticas de los Aliados que resultaron ser completamente exitosas.

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Una de las más conocidas, fue la empleada por el oficial del ejército británico Terence Otway, quien para asegurarse de que sus hombres mantendrían el secreto del ataque, envió a 30 de las integrantes más bonitas de la Fuerza Aérea Auxiliar de Mujeres, vestidas de civil, a los bares de las aldeas cercanas a los sitios de entrenamiento para que trataran de persuadir a los soldados y descubrir cuál era la misión a la que se enfrentarían. La lealtad a su insignia fue tal, que ninguno filtró nada.

La conmemoración del Desembarco de Normandía debe servir como un recordatorio al mundo de la necesidad de unir fuerzas para acabar definitivamente con cualquier amenaza de totalitarismo.

Aunque la izquierda pretenda cada año mostrarle a la humanidad el importante papel de la URSS en la misión más grande de libertad, y ocultando las masivas dotaciones de guerra que le suministró Estados Unidos a la Rusia de Stalin -miles de camiones para transporte de tropas y otros equipos militares que hicieron posible la movilización de las divisiones rusas hacia el frente de Stalingrado-, los hechos siguientes nos muestran que resultó ser el integrante más peligroso. Pasando de la invasión nazi a la invasión comunista.

El riesgo de que los pasajes de la historia se repitan, en distintos escenarios, pero con la misma esencia, se mantiene. Pero la victoria de los Aliados nos demuestra que, para preservar la autonomía del Estado y defender su soberanía, es primordial cuidar el prestigio y la moral de las Fuerzas Militares, vital línea de defensa del baluarte más importante de la civilización humana: la libertad. Y la libertad es dignidad humana.

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