Fiesta en Caracas

Lejos de ser el epicentro de grandes ideas para el avance de la humanidad, el Foro de São Paulo ha sido el escenario ideal para la incubación permanente de la izquierdopatía revolucionaria.

Una vez derrumbado el muro de Berlín, los socialistas del mundo encabezados por Luiz Inácio Lula Da Silva y Fidel Castro, decidieron emprender una cruzada para salvar su ideario “revolucionario”.

De esta forma generaron una red mundial de organizaciones encargadas de dar sus aportes y a la vez, beber de una plataforma doctrinaria marxista, que aún sobrevive gracias a su inmensa capacidad de manipulación sobre la población hipnotizada e incauta de América Latina.

Utilizando su mejor arma letal en contra de la razón y de los hechos -la propaganda-, seducen a sus seguidores bajo la promoción engañosa de la libertad, la justicia, la soberanía popular, el perdón y la lucha incesante “por la paz.”

En este sentido, con la promesa de una sociedad igualitaria donde la pobreza es suprimida y todos son reconocidos con los mismos derechos, atrapan a toda una sociedad una vez alcanzan el poder por las vías democráticas; dando paso a su esencia monstruosa a través de su naturaleza megalómana, narcisista y depredadora.

De esta forma, gobernantes que se alimentan de esta fuente de doctrina colectivista, se atornillan en el poder y se convierten en dictaduras genocidas que proclaman la lucha de clases mientras encarcelan, torturan y asesinan a quienes tengan el valor de oponerse.

Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva realizaron el primer Foro de Sao Paulo, como una última cruzada para sobrevivir y volver a expandir un sistema que le costó a la humanidad más de 100 millones de muertes. En ese primer encuentro en el año 1990, hizo presencia el grupo terrorista de las Farc como miembro fundador. Ahora, regresa desde una “legalidad” pervertida, impune y detestable en un país que esperaba mínimos de justicia para tanta historia de atrocidad.

Del Foro de São Paulo como organización transnacional, se desprendió la oleada de gobiernos comunistas en Latinoamérica que llegaron con la promesa de resolver las crisis, algunas veces fabricadas, para reformar la constitución y a partir de allí, iniciar su proceso de destrucción institucional con disfraz de revolución.

El primero de ellos fue el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, que reemplazó el otrora financiamiento soviético a Cuba con petróleo gratis a los Castro.

Le siguió Lula da Silva en Brasil y posteriormente entre el 2004 y el 2013, se sumaron Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Fernando Lugo en Paraguay, José Mujica en Uruguay, Mauricio Funes en El Salvador, Dilma Rousseff en Brasil, Ollanta Humala en Perú y por último, el nefasto Nicolás Maduro del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Llama poderosamente la atención que el Foro de São Paulo condene los mismos actos que sus integrantes han promovido durante años: critican la corrupción, pero ésta se convierte en esencia parasitaria de permanencia del Régimen; hablan de democracia y libertad, pero defienden la revolución cubana que no es otra cosa que una dictadura anacrónica violadora de derechos humanos. Rechazan públicamente el narcotráfico, pero varios de sus miembros tienen vínculos con peligrosos carteles de la droga y se habla incluso de que ésta será la vía de financiamiento para las próximas elecciones.

El escenario escogido para llevar a cabo la XXV edición del Foro es Caracas. Al evento asistirán más de 120 organizaciones y partidos de izquierda, que con su participación estarán dando un espaldarazo al régimen genocida de Maduro; incluyendo a cinco miembros del partido Farc -hoy en el Congreso de Colombia sin pagar un sólo día de cárcel por sus crímenes, gracias a un Acuerdo de Paz retorcido- invitados por el asesino Diosdado Cabello.

Toda una afrenta al mundo libre y una amenaza a la estabilidad de Colombia, que soporta una gigantesca migración de venezolanos que huyen de un régimen que hoy, hospeda a unos de los peores criminales de lesa humanidad.

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