Fake News

El periodismo, en el mundo, está atravesando la peor de sus crisis. Cada año vemos cómo distintos medios de comunicación tienen que reducir sus equipos y en última instancia, dejar de circular; claramente, el nacimiento de las redes sociales ha influido directamente en la disminución del consumo de información por los canales tradicionales, pero no menos daño ha ocasionado la agenda política de algunos de ellos que terminan desafiando su más importante activo: La credibilidad.

Es quizás esta última que, en su afán por sobrevivir, estos medios empiezan a olvidar para recurrir a todo tipo de “estrategias” con el fin  de ganar audiencia, generando incluso alianzas que desdibujan completamente su misión de informar con ética y objetividad.

Son muchos los medios que han convertido el oficio periodístico en una herramienta para la ejecución de agendas político-ideológicas con un objetivo claro; que bajo el disfraz de “información”, arrasan con la reputación de cualquiera sin importar las consecuencias.

En Brasil, por ejemplo, ha sido evidente la persecución contra el Presidente Jair Bolsonaro por parte de El Grupo Globo, que ha utilizado todos sus medios para enlodar al mandatario.

Uno de los señalamientos más graves se dio en octubre del año pasado, al vincularlo con el asesinato de la concejal Marielle Franco en 2018, en Rio de Janeiro, sin prueba alguna.

El Jornal Nacional (JN) de TV Globo simplemente basó sus noticias en que el sospechoso de la muerte de la concejal visitó, pocas horas antes del asesinato, el condominio donde vivía Bolsonaro.

Según este medio, el portero del complejo declaró que “el señor Jair” había autorizado el ingreso de Élcio Queiroz -acusado de conducir el automóvil desde el que se realizó el crimen- para dirigirse a la casa de Ronnie Lessa –quien también vive en el condominio- señalado de disparar contra Franco.

Sin embargo, tal y como tuvo que salir a demostrar el mandatario, existen registros de que Bolsonaro estaba ese día en la Cámara de Diputados en Brasilia, siendo imposible que autorizara tal ingreso.

Estas infamias, disfrazadas de chivas periodísticas también han tocado medios como The Wall Street Journal, que como lo señalé en mi columna ‘¿Prensa “Libre”?’, en una cruzada coordinada por la izquierda internacional emitió varias publicaciones tendenciosas, vendidas como grandes investigaciones del periodista Nicholas Casey, para enviar un mensaje directo al entonces candidato a la Presidencia, Otto Fernando Pérez Molina, sobre la agenda que debía seguir.

Lo hicieron difundiendo una supuesta participación de Pérez Molina en la desaparición de un ex combatiente rebelde; El precio de detener la persecución en su contra fue dejar a la señalada aliada de la guerrilla, la Fiscal General Claudia Paz y Paz, en su puesto y nombrar a otros izquierdistas en su gobierno.

El periodista Casey, ahora en el New York Times, actuó como alfil político de una estrategia triangulada para deslegitimar las fuerzas militares de Colombia, poniendo en entredicho la honorabilidad de nuestro Ejército Nacional, usando exactamente la misma estrategia empleada en Guatemala.

Otra muestra de la manipulación a la audiencia por parte de los medios que se declaran a sí mismos como “defensores de la verdad” es la “chiva” recientemente emitida por Noticias UNO en la cual se mostraba como “gran descubrimiento”, dos micrófonos en el despacho del magistrado de la Corte Suprema, César Reyes, quien tiene a su cargo la investigación contra Uribe, por una presunta manipulación de testigos.

Entre líneas, el debate en torno a este hallazgo sugirió que dichos dispositivos estarían siendo utilizados para acceder a las conversaciones que sostenía el magistrado en su despacho.

A falta de una investigación más profunda y de que hubiera un cotejo de las fuentes, la caja de compensación familiar Compensar, antigua arrendataria del inmueble donde ahora funcionan las salas de instrucción y de juzgamiento de la Corte Suprema de Justicia, hizo claridad sobre el asunto.

La entidad aseguró públicamente que los dos micrófonos hallados en el despacho del magistrado hacían parte de un sistema de comunicación del Consorcio de Salud que operaba en esa sede y fueron instalados en la «oficina de la Dirección y la sala de juntas contigua, como parte del protocolo de infraestructura en instalaciones arrendadas».

Aun así, Noticias UNO –como lo han hecho los demás medios mencionados- no ha rectificado su información y por el contrario, se ha sostenido en la falsedad de la noticia.

El interrogante que nos debe surgir como audiencia es: ¿Hasta qué punto, por el afán de publicar información “exclusiva” para ganar ‘clicks’, es válido que los medios de comunicación basen sus noticias en fuentes dudosas y sin confirmar?

Sin duda, nos convertimos en un público pasivo que olvidó su rol crítico para exigirle a los medios veracidad y mayor rigurosidad.

Están aún a tiempo de reflexionar pensando en sus audiencias.

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